Carabobo más que una batalla
Aproximación al itinerario de una gesta

El Bicentenario de la Batalla de Carabobo no toma por sorpresa al pueblo venezolano, quien hace más de dos décadas inició un profundo examen sobre sus orígenes republicanos y aprendió a hurgar, más allá de la propia independencia, su índole. Se ha producido una ruptura, en este sentido, irreversible: hoy la mirada produce otro territorio y otra alma nacional. Este gesto ha removido la verdad histórica produciendo notables cambios en el pasado, el presente y en el devenir político, ético y estético de la venezolanidad. ¿Cambios en qué sentido? Principalmente en la voluntad de saber: hoy es difícil encontrar una actitud pasiva frente al debate histórico que es, en esencia, una controversia de imaginarios y de intereses. El lugar de los próceres, el orden y la jerarquización de los hechos hoy están más cerca que nunca y se dejan leer con pasión de actualidad, como advertía Enrique Bernardo Núñez en su célebre discurso de ingreso a la Real Academia de la Historia. Entender la Batalla de Carabobo en la complejidad que ella amerita es posible. Gustavo Pereira la presenta más allá de la hazaña militar, concatenada a una serie de previos y a unas circunstancias que el azar y el genio de Bolívar convirtieron en la campaña que dio origen a la caída definitiva del Imperio Español en América.

El Libertador ha tenido enormes biógrafos y en torno a su imagen, el pensamiento nacional generó lo mejor de sí para combatir un historicismo tensado entre la mitificación y la arqueología. Sin duda alguna el siglo XXI es fecundo al esplendor interpretativo. Gustavo Pereira se cuenta entre los más audaces lectores que ha tenido Bolívar. Su Simón Bolívar escritos anticolonialistas (CONAC, 2002), inauguró una nueva crítica en torno al prócer, resucitándolo y haciendo de él un contemporáneo. Su manera de acercarnos al hombre y a los acontecimientos que forjaron nuestro presente común parece trazar un camino múltiple hacia destinos y seres soslayados por la hagiografía oficial. La historia de las sensibilidades ­—como afirma el autor— suele estar llena de revelaciones y no puede, por tanto, desvinculársele de los grandes hechos. Carabobo es entonces, más que un punto de llegada, un nuevo comienzo donde la traición y la lealtad, el olvido y la memoria se han turnado la conducción del destino de la República en una batalla por la verdad histórica que se torna cada vez más irreconciliable.

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